martes, 14 de enero de 2014

Fragmentos de "El invierno del mundo" de Ken Follett.

"...Ilse habló con un hilo de voz:
-Los matamos-dijo.
Carla se quedó sin aliento.
-¿En el hospital?-consiguió decir.
Ilse asintió.
-A los pobres enfermos que llegan en autobuses grises. Niños, incluso bebés, ancianos, abuelas. Todos tienen alguna discapacidad. A veces llegan en un estado espantoso, babeando y haciéndose sus necesidades encima, pero no pueden evitarlo, y algunos son muy dulces e inocentes. Lo mismo da..., los matamos a todos.
-¿Cómo lo hacéis?
-Con una inyección de morfina y escopolamina.
Carla asintió. Era un anestésico habitual, mortal en dosis elevadas.
- ¿Y los tratamientos especiales que se supone que aplicáis?
Ilse negó con la cabeza.
-No hay tratamientos especiales.
-Ilse, a ver si lo entiendo bien. ¿Matáis a todos los pacientes que llegan?
-A todos.
-¿En cuanto llegan?
-Al día siguiente, o como mucho a los dos días.
Era lo que Carla sospechaba, pero , aún así, la cruda realidad le pareció espeluznante y sintió naúseas.
-¿Hay algún paciente ahora en el hospital?- preguntó al cabo de un minuto.
-Vivo no. Esta tarde hemos administrado inyecciones. Por eso se alteró tanto frau Schmidt al veros allí.
-¿ Por qué no hay ninguna medida  de seguridad para que la gente no pueda acceder al edificio?
-Creen que si hubiese guardias o una cerca de alambre de espino sería evidente que allí esta pasando algo siniestro. De todos modos, nadie había intenteado visitarnos nunca.
-¿Cuantas personas han muerto hoy?
-Cincuenta y dos.

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